Digamos que es como un mal que nos aqueja a todos en uno o
varios momentos de la vida. Eso descartaría
que se tratase de, por llamarlo de algún modo, una enfermedad
transitoria (como podría ser la varicela). Pero no descarta que se trate de una
enfermedad, o, como mínimo, de una droga natural.
Es, por mi parte, quizá demasiado frio el hablar del amor
como una enfermedad y tengo que admitir que soy consciente de ello y no estoy
de acuerdo del todo conmigo mismo; Si bien, deberíamos entender que el amor no
es una enfermedad como tal, si deberíamos entender que podría tratarse,
prácticamente, de una droga.
Me explicare: A pesar
de lo mucho que he meditado sobre el tema, y la información que he ido
procesando en este último tiempo, me doy cuenta de que el amor actúa de un modo
totalmente diferente según el sujeto al que afecta. De este modo entendemos que
afecta a la persona y sus capacidades (creo que esto es indiscutible), pero,
lógicamente no todas las personas se ven expuestas o actúan con el mismo nivel
de dependencia.
“El mal uso de las drogas no es una enfermedad. Es una decisión, como
pararte enfrente de un coche en movimiento.
Podrás llamarlo un error de juicio.”
La droga entra en nuestro organismo, pero esto no es del
todo acertado, quizá deberíamos decir que espera aletargada en él. Es en el
momento en el que se reúnen una serie de factores que resultan necesarios para
darle vida o liberarla de su latencia cuando podemos decir que nace el amor
(una expresión muy acertada si tenemos en cuenta que hasta el momento se
hallaba en un estado embrionario próximo a la vida pero sin estarlo).
El amor actúa en nuestro sistema de varias maneras: Deforma
la realidad que captan nuestros sentidos y nos transmite lo que nosotros
precisamos ver y no lo que tiene lugar a nuestro alrededor; Puede anular de
manera puntual o mantenida nuestra lógica y el proceso de razonamiento; Y, se
trata de un inhibidor del dolor que proporciona cierto grado de satisfacción
mantenida a lo largo del tiempo. Si bien, claro está, esta droga se va
dispensando cuando se han reunido una serie de factores únicos para cada
persona, también desaparece cuando estos factores decaen o desaparecen de
manera definitiva (no obstante, la droga no resulta combatida y eliminada por
nuestro organismo, sino que vuelve de nuevo a su estado latente a la espera de
nuevas oportunidades para presentarse).
Durante el tiempo que dura este cambio de estado, (momento
en el que el amor va desapareciendo paulatinamente del organismo) la persona,
por normal general, entra en una fase de autocompadecencia y enfado muy próxima
a la depresión. Podríamos ver ciertos símiles con el periodo de desintoxicación
que llevan a cabo las personas enganchadas a las drogas (si bien no se conoce
ningún fármaco que ayude durante este baipás entre estados).
De este modo, presumiblemente, podemos hablar del amor como
una droga latente en nosotros mismo, de la que podemos resultar consumidores
sin conocer concretamente el momento en que la afección ya nos ha tomado en sus
manos. Determinamos que el virus del amor es evolutivo debido a que encuentra
la manera de transmitirse de generación en generación (en sí mismo, uno de los
efectos q causa como droga en el organismo es la intensa necesidad de perpetuar
la especie, indiferentemente de todo lo que suceda o nos rodee).
Además, cabe destacar que el propio virus ha desarrollado
una gran velocidad para evolucionar en el hecho de que una persona nunca es
totalmente invulnerable. Es más, por lo general, la inteligencia propia de esta
droga la hace adaptarse y encontrar nuevo factores o reducir el número de ellos
que anteriormente eran necesarios para que de nuevo la droga sea introducida en
nuestro organismo.
kren
