He estado pensando.
Es posible que solo esta afirmación os sorprenda, pero es cierto, y aquí sigo. Prueba inequívoca, por otro lado, de que el pensar resulta ser un ejercicio no letal.
Decía, pues, que he estado meditando. Y como casi siempre que se medita, se medita sobre un tema concreto. En este caso me ha dado por meditar sobre un tema tal vez muy desgastado:
Es posible que solo esta afirmación os sorprenda, pero es cierto, y aquí sigo. Prueba inequívoca, por otro lado, de que el pensar resulta ser un ejercicio no letal.
Decía, pues, que he estado meditando. Y como casi siempre que se medita, se medita sobre un tema concreto. En este caso me ha dado por meditar sobre un tema tal vez muy desgastado:
“Lo que es la vida y los problemas que en ella
surgen”
Es cierto, posiblemente sea un tema demasiado al uso en la actualidad, pero mi manera de verlo es, quizás un tanto más ingeniosa.
Véase que, cansado como estaba ya de los típicos ejemplos y frases de la vida: sus problemas, como plantearlos y resolverlos. He llegado a desarrollar una nueva explicación mediante el uso de comparaciones de lo que es, a mi ver, la vida y sus problemas.
Vayamos al grano, pues:
Limpiemos nuestra mente de todo, e imaginemos un suelo yermo, sin paisaje que nos distraiga de ese suelo liso, de arena compacta, por ejemplo.
Ahora, pongamos una taza de té en ese lugar inhóspito.
La taza se mantiene en el lugar día y noche, indiferente al paso del tiempo, pero, ¡alto!: en ocasiones puede llover.
Hay diversos tipos de lluvia en este mundo, pero aquí solo nos interesan dos:
La lluvia fina, que cae de manera suave, sin hacer ruido pero en gran cantidad, como una cortina infinita de miles de agujas de agua que lo mojan todo en poco tiempo.
En este tipo de lluvia descubrimos como en nuestra taza entran centenares de esas gotitas en unos pocos segundos. Y nuestra taza, irremediablemente, se llenará.
Hay, también, un tipo de lluvia más basta. De gotas orondas y rechonchas que caen separadas entre ellas, pero que con solo un par de estas, llenamos considerablemente nuestra mentada taza.
La lluvia va y viene, y la taza siempre permanece inmutable en su lugar. Pero, en ocasiones, debido a la incesante lluvia, de cualquiera de los dos tipos previamente citados, nuestra taza puede amenazar con desbordarse.
Es cierto. En ocasiones tan solo debemos esperar a algunos días mejores y más calidos que acabaran por evaporar el agua de su interior y la volverán a dejar vacía.
Pero, en la mayoría de ocasiones, me temo mucho que no podemos depender de los días buenos, que seguro están por llegar, y necesitamos aprender a vaciar esa taza antes de que el agua acabe desbordándose con las consecuencias imprevisibles que ello nos pueda acarrear.
Es así, pues, como veo la vida actualmente. Mi vida es la taza. La lluvia, los problemas que, independientemente de uno mismo, nos asaltan por todos lados. Aquellos que entran en la taza, llenan mi vida de dificultades. Pueden ser un par de problemas enormes o un centenar de diminutas dificultades, pero, si no aprendemos a vaciar la taza, es igual el tamaño o la cantidad. Acabaremos desbordándonos.
Supongo, entonces, que lo importante no es la lluvia, por muchos tipos que haya, o el tiempo que pueda venir, sea bueno o malo.
Lo que de verdad debería ser motivo de preocupación es averiguar como podemos vaciar nuestras tazas en cada situación. Porque, si logramos averiguarlo, podremos evitar ahogarnos en una taza de té.



