miércoles, 20 de junio de 2012

Estudiando el amor.




Digamos que es como un mal que nos aqueja a todos en uno o varios momentos de la vida. Eso descartaría  que se tratase de, por llamarlo de algún modo, una enfermedad transitoria (como podría ser la varicela). Pero no descarta que se trate de una enfermedad, o, como mínimo, de una droga natural.
Es, por mi parte, quizá demasiado frio el hablar del amor como una enfermedad y tengo que admitir que soy consciente de ello y no estoy de acuerdo del todo conmigo mismo; Si bien, deberíamos entender que el amor no es una enfermedad como tal, si deberíamos entender que podría tratarse, prácticamente, de una droga.
 Me explicare: A pesar de lo mucho que he meditado sobre el tema, y la información que he ido procesando en este último tiempo, me doy cuenta de que el amor actúa de un modo totalmente diferente según el sujeto al que afecta. De este modo entendemos que afecta a la persona y sus capacidades (creo que esto es indiscutible), pero, lógicamente no todas las personas se ven expuestas o actúan con el mismo nivel de dependencia.

 “El mal uso de las drogas no es una enfermedad. Es una decisión, como pararte enfrente de un coche en movimiento. 
Podrás llamarlo un error de juicio.”

La droga entra en nuestro organismo, pero esto no es del todo acertado, quizá deberíamos decir que espera aletargada en él. Es en el momento en el que se reúnen una serie de factores que resultan necesarios para darle vida o liberarla de su latencia cuando podemos decir que nace el amor (una expresión muy acertada si tenemos en cuenta que hasta el momento se hallaba en un estado embrionario próximo a la vida pero sin estarlo).
El amor actúa en nuestro sistema de varias maneras: Deforma la realidad que captan nuestros sentidos y nos transmite lo que nosotros precisamos ver y no lo que tiene lugar a nuestro alrededor; Puede anular de manera puntual o mantenida nuestra lógica y el proceso de razonamiento; Y, se trata de un inhibidor del dolor que proporciona cierto grado de satisfacción mantenida a lo largo del tiempo. Si bien, claro está, esta droga se va dispensando cuando se han reunido una serie de factores únicos para cada persona, también desaparece cuando estos factores decaen o desaparecen de manera definitiva (no obstante, la droga no resulta combatida y eliminada por nuestro organismo, sino que vuelve de nuevo a su estado latente a la espera de nuevas oportunidades para presentarse).
Durante el tiempo que dura este cambio de estado, (momento en el que el amor va desapareciendo paulatinamente del organismo) la persona, por normal general, entra en una fase de autocompadecencia y enfado muy próxima a la depresión. Podríamos ver ciertos símiles con el periodo de desintoxicación que llevan a cabo las personas enganchadas a las drogas (si bien no se conoce ningún fármaco que ayude durante este baipás entre estados).


De este modo, presumiblemente, podemos hablar del amor como una droga latente en nosotros mismo, de la que podemos resultar consumidores sin conocer concretamente el momento en que la afección ya nos ha tomado en sus manos. Determinamos que el virus del amor es evolutivo debido a que encuentra la manera de transmitirse de generación en generación (en sí mismo, uno de los efectos q causa como droga en el organismo es la intensa necesidad de perpetuar la especie, indiferentemente de todo lo que suceda o nos rodee).
Además, cabe destacar que el propio virus ha desarrollado una gran velocidad para evolucionar en el hecho de que una persona nunca es totalmente invulnerable. Es más, por lo general, la inteligencia propia de esta droga la hace adaptarse y encontrar nuevo factores o reducir el número de ellos que anteriormente eran necesarios para que de nuevo la droga sea introducida en nuestro organismo.

kren

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