lunes, 30 de julio de 2012

Llueven lágrimas


He leído sus líneas. Primero los ojos intentaban avanzarse ávidamente a mi pensamiento, buscando acabar las oraciones que frágilmente se mantenían suspendidas en la pantalla de mi ordenador, con voracidad insana.
 Luego me he relajado y he puesto una canción que tenía a mano. 
He dejado que sonase, tal vez unos segundos, o es posible que algunos minutos, antes de retomar la lectura desde el inicio. 

En esta ocasión con ritmo apacible, paladeando la textura de los vocablos bien enlazados. He leído con sumo deleite la primera oración sin pausa pero sin prisa, como manda la canción, y he disfrutado de su significado.

He saboreado el amargor de los sentimientos que ella escribía, o, tal vez, fuesen mis propios sentimientos desenterrados del diván del olvido. Lugar de sensaciones melancólicas convenientemente ocultadas.
A cada punto y seguido lo acompañaban una magnifica secuencia de mis propios recuerdos que me hacían recordar los momentos que las oraciones enmarcaban. Y lograr tal eventualidad no es sencillo.

“Muchos escritores conocen las normas de la escritura, pero no saben escribir…”

Ella si lo ha sabido hacer. Tal vez haya sido por ello que haya recordado el amor que le tengo a la escritura, un amor condenado al fracaso, pero del que no quiero desprenderme pase lo que pase. Como el naufrago que se aferra a un madero en el infinito desierto de agua que le rodea; seguro de no tener futuro, pero convencido, a pesar de todo, de que no debe soltar aquello que le mantiene a flote.

Es triste que, para escribir con el corazón, tengamos que recurrir a la melancolía, a las vivencias que acumulamos en el trastero de los recuerdos y que, a pesar del dolor que nos provocan, se mantienen plasmadas en las letras que escribimos.
Gracias por compartir tus letras con lectores anónimos, por dejarnos leer un poco de ti y por escribir con tinta los sentimientos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario